Escudo de la República de Colombia

Una reciente conversación sobre el abuso en el uso de los recursos invertidos en la generación de imágenes a partir de la inteligencia artificial pone en perspectiva la pregunta por la sostenibilidad de las prácticas cotidianas de comunicación de cualquier ciudadano. Los investigadores recomiendan analizar de manera profunda los nuevos paradigmas que trae la IA, antes de cometer el error de tomarlas a la ligera. 

 

Varias polémicas sobre la tendencia Studio Ghibli para transformar imágenes en ChatGPT acapararon a diferentes audiencias en el mundo: además del descontento del director de ánime e ilustrador Hayao Miyazaki ante el abuso de la inteligencia artificial promovido en redes sociales para emular el imperio estético y gráfico que él construyó durante toda una vida; varios medios del mundo entregaron información sobre el costo ambiental de tener programas de inteligencia artificial modificando fotografías para millones habitantes de todo el planeta. 

 

¿Qué tan cierto es que cuando una persona utiliza la IA para hacer una imagen está gastando mucha agua y mucha energía? “La conexión a internet de buen ancho de banda que suministra la capacidad de procesamiento de la información en los procesadores durante 24 horas de los 365 días del año genera mucho calor y este debe ser disipado y ahí es donde las fuentes de agua son necesarias para alimentar los sistemas de refrigeración que van a permitir enfriar o mantener en la temperatura adecuada esa granja de máquinas que están dispuestas en los data centers”, explicó John Willian Branch Bedoya, profesor titular del Departamento de Ciencias de la Computación y de la Decisión de la Facultad de Minas Unal y director del Grupo de Investigación y Desarrollo en Inteligencia Artificial —GIDIA—. 

 

Este panorama se vuelve preocupante si se reconoce que hoy muchas personas y casi todas las empresas utilizan Chat GPT, Dall E y otras IA para modificar u optimizar textos e imágenes o para resolver dilemas que oscilan entre la seguridad de los sistemas electrónicos, la arquitectura, la medicina y el diseño, entre otros campos. Solo en Colombia, más del 70% de la energía que consumimos proviene de centrales hidráulicas y el 30% restante se genera con fósiles como carbón o energía solar o eólica, y con el uso y abuso de la inteligencia artificial los consumos se duplican rápidamente. 

 

“En todo el ciclo del procesamiento de información —adquisición, procesamiento, análisis y visualización— hay una inversión energética que puede ser infinitesimal; pero que multiplicada por cantidades de personas haciendo lo mismo varias veces al día y pensando en términos de los 8.156 millones de personas que habitamos el planeta, conlleva un saqueo a la energía y el agua que puede generar un colapso”, aseguró Branch Bedoya.

 

Pero no se puede creer que esto va a parar, cada vez son más usadas las granjas que almacenan los datos destinados a la inteligencia artificial que van a requerir energía, que, si es hidráulica, requiere agua. Aunque existen energías alternativas y renovables, como la solar y la eólica, todavía no hay la cantidad suficiente para satisfacer la demanda que se requiere a escala planetaria. Incluso, recientemente centros de Google en Uruguay y Chile tuvieron que frenar sus proyectos porque los habitantes locales denunciaron que dejarían a sus vecindarios sin agua. 

 

Álvaro Alejandro Villa Garzón, estudiante del doctorado en Ingeniería, Sistemas e Informática, aseguró que en los centros de datos, la refrigeración representa entre el 30% y el 40% del consumo total de energía, según estimaciones de McKinsey & Company. "A pesar de los esfuerzos por optimizar este consumo, como la implementación de sistemas de enfriamiento más eficientes y el uso de aceleradores de hardware como GPUs y TPUs, la creciente demanda de tecnologías digitales intensivas en datos, como la inteligencia artificial y la computación en la nube, sigue impulsando el consumo energético de los centros de datos".


Agregó que se prevé que este consumo se duplique, pasando de 200 TWh en 2022 a 400 TWh para 2030. "Este aumento plantea desafíos significativos para alcanzar las metas de sostenibilidad establecidas por la ONU, ya que los centros de datos podrían representar hasta el 4% de las emisiones globales para 2030".

 

Por su parte, el profesor Branch Bedoya enfatizó en la urgencia de generar una conciencia frente al abuso en el uso de la inteligencia artificial: “invito a que todas y todos revisemos de manera muy consciente el uso de estas nuevas tecnologías en las actividades tan cotidianas como el uso de la cámara del teléfono móvil para selfies como si fuéramos turistas permanentes. El abuso en el uso de estas herramientas no beneficia a nadie, nos sumerge en la controversia entre el desarrollo acelerado de la IA y el impacto negativo que eso va a tener en cumplir los objetivos de desarrollo sostenible”. 

 

Aunque es difícil generar conciencia y sincronía en materia de IA por constituir ayudas tan inmediatas, queda un camino viable: el de la ética y la regulación, tanto en el ámbito local, como en el internacional. Pero en ese camino todo está por abonar, ya que, como Branch indica, las conquistas legales sobre lo que tiene que ver con el uso de la inteligencia artificial son escasas y están lejos de ser plenamente desarrolladas. 

 

En toda esta conversación las universidades y centros de pensamiento son actores claves, para que no solo sean las naciones y sus legislaciones las que determinen el rumbo de los usos de internet, sino que el sujeto, desde sus acciones cotidianas, genere cambios y saque lo mejor y no lo peor de las herramientas y la inteligencia artificial.

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