Sequías, presión sobre el sistema eléctrico, aumento en el precio de los alimentos y calor extremo: los efectos del fenómeno del Niño apenas comenzarán a sentirse en Colombia y podrían intensificarse hasta 2027. Sergio Botero Botero, investigador del departamento de Ingeniería de la Organización, señaló las fortalezas y fragilidades del país en este nuevo ciclo.

Los habitantes de ciudades como Medellín y Barranquilla ya se quejan de la actual oleada de calor, pero habrá que esperar más, ya que los efectos del Fenómeno del Niño apenas comienzan a sentirse. Las épocas de temperaturas elevadas y reducción de lluvias hacen parte de este evento climático que reta a asuntos relacionados con la vida cotidiana y la economía de los colombianos.
Todo tiene que ver con el calentamiento y las correintes del océano Pacífico que incide en la baja de las aguas de los embalses, las sequías de los cultivos y hasta en asuntos relacionados con energía eléctrica que podría comenzar a tener racionamientos en algunos sectores del país.
“El fenómeno ocurre cuando aumenta la temperatura superficial del mar en el Pacífico tropical. En las imágenes satelitales se observa una gran “lengua roja” —representación del agua caliente—que se extiende frente a las costas de Colombia, Ecuador y Perú. Ese sobrecalentamiento altera el comportamiento atmosférico y modifica el recorrido habitual de las lluvias en América del Sur”, explicó Botero Botero, estudioso de la gestión de la energía y el medio ambiente de nuestra Facultad de Minas.
El resultado es un desequilibrio climático a gran escala. Mientras Ecuador y Perú reciben precipitaciones intensas e incluso catastróficas, Colombia entra en períodos de sequía. Estos ciclos se repiten de manera irregular en un intervalo que varía entre dos y siete años, no siempre con la misma intensidad. El problema es que el cambio climático amplifica sus efectos.
Según Botero Botero, “estamos teniendo la transición entre una época lluviosa y otra seca, en este momento particular estamos experimentando una ola de calor poco común, para los próximos meses se estima una probabilidad mayor del 80% de que ocurra el fenómeno de Niño con efectos notorios. Como la mayor parte de la energía eléctrica que se genera en Colombia es de embalses de agua, va a bajarse esa cantidad de energía y va a ser un problema para el sector de la electricidad”.
El agua en Colombia cumple dos funciones primordiales: abastecer a la población y generar electricidad. Y ambas podrían verse comprometidas. Antioquia, por ejemplo, concentra una parte de esa infraestructura. Sin embargo, el experto aclaró que el departamento no podría blindarse de una eventual crisis nacional. A eso se suma un problema adicional: la disminución de reservas de gas natural. Aunque las energías renovables han avanzado, el crecimiento ha sido menor al esperado.

“La última gran hidroeléctrica que se construyó en Colombia fue Hidroituango y los nuevos proyectos hidroeléctricos y termoeléctricos se han frenado por disputas políticas y ambientales. Además del fenómeno de la sequía, aparece otro problema llamado el “apagón financiero” debido a las deudas acumuladas por comercializadoras de energía intervenidas por el Gobierno, esto puede causar que los generadores de energía no tengan liquidez financiera para funcionar puesto que tienen unas cuentas por cobrar muy altas con dudoso recaudo”, narró el investigador.
Los efectos de este fenómeno son una onda expansiva que trasciende el acueducto y la electricidad y permea el agro, ya que se afectarán los cultivos —especialmente el café, el aguacate y las flores—, sectores estratégicos para la economía nacional y las exportaciones.
En cuanto a Antioquia, puntualmente, el experto declaró: "en términos de electricidad, Antioquia tiene muchas hidroeléctricas y embalses y vende electricidad al resto del país; pero esos embalses van a disminuir y entonces vamos a tener menos energía para venderle al resto del país". Para el panorama nacional, declaró: “Colombia debería estar implementando desde ya medidas preventivas de ahorro energético y manejo del agua. Empezar haciendo programas de ahorro de energía desde ya, pero no se están haciendo”, cuestionó el experto y mencionó programas de gestión de demanda similares a los implementados durante el fenómeno de 2015, cuando grandes consumidores reducían su gasto energético a cambio de incentivos económicos. También insistió en la necesidad de almacenar más agua en embalses y acelerar la incorporación de energías renovables.
Sin embargo, reafirmó la necesidad de ampliar el debate energético colombiano, ya que piensa que es un error abandonar precipitadamente las fuentes convencionales de energía. En su visión, la transición energética debe ser gradual y compatible con la estabilidad del sistema eléctrico.
Aunque en terrazas, jardines y cultivos, la sequedad ya empiece a notarse, estos son apenas unos primeros síntomas del cambio de ciclo climático. No puede afirmarse aún que Colombia esté “en pleno fenómeno del Niño”. Muchas regiones del país enfrentarán un período climático marcado por la alta vulnerabilidad energética y económica; y ya que no están preparadas para asumir sus efectos, deben acelerar sus estrategias para mitigar efectos de este fenómeno.
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